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A TRAVÉS DE LA POESÍA DE ANDREI TARKOVSKI REFLEJADA DE SU CINE, de Miguel Ángel Barroso


Más allá de Neruda, sus poemas y su canción desesperada, dónde escribió los versos más tristes que nadie, jamás en todo este universo de letras, haya leído, toda la poesía que un servidor aquí presente ha consumido son las baladas que en plena juventud, bisoña en esto de vivir y demasiada cargada de alteradas hormonas, escribíamos en los márgenes de nuestros libros de texto mientras viejos profesores parloteaban sin cesar sobre no se qué rey muerto y algún que otro príncipe proscrito.


Y esto te lo cuento ahora, aquí, como siempre que hablamos tú y yo, sin secretos ni medias verdades. Aunque quizás, y ni por esto deberíamos bajar un poco la voz, hoy haya cerca alguien más que quiera escucharnos hablar de historias como hasta las que este momento hemos contado.


No seas tímido. Pasa, ponte cómodo y disfruta del momento.


En efecto, hasta aquí leíste bien, hoy hablamos de poesía… poemas, versos, estrofas, rimas y métricas… y de la forma en la que estas palabras, escritas a ritmos distintos, consiguen transgredir y elevar el espíritu de una forma que ni todas las épicas novelas de nuestras estanterías juntas son capaces de imaginar.


Pero la poesía tiene muchas caras, tantas como la moneda que gira frenética sobre la mesa, reflejando las mil y una formas en las que un poema puede contarnos ciertas historias. Héroes épicos, romances prohibidos o crímenes inconfesables son algunas de los argumentos más recurrentes que encontramos en poemarios de toda índole, color o género, escritos para un público más o menos minoritario que busca entre los sentimientos de sus versos esas sensaciones que sólo lo más grandes son capaces de conseguir.





Pero no te confundas (sé que no sueles ser tan conformista, por eso estás aquí, leyendo estas líneas), lo que hoy te traigo es algo distinto, diferente y especial. Un homenaje, una ofrenda a uno de los GRANDES (con mayúsculas) maestros del cine que dejó en la retina de muchos un legado tan perfeccionista como extraordinario.


El poemario “A través de la poesía de Andrei Tarkovski reflejada de su cine” de Miguel Ángel Barroso –publicado en octubre de 2019 y excelsamente ilustrado por Gabriel Sosa Barroso- es una obra de referencia, de honores y de apología del autor hacia lo que él considera una “posesión del sueño”, en la que vamos a viajar a través de algunas de las grandes obras del director, vistas desde el prisma de la mirada de nuestro autor y en la que vamos a sentir una “caricia dolorosa que hace nacer la sonrisa y olvidar la imaginación”.


Explicarte aquí y ahora cuáles son las sensaciones, la emoción, o la huella que la lectura de este poemario ha dejado en mí es más complejo de lo que había pensado cuando, hace ya muchos días, me senté frente a estas páginas y rebusqué en lo más profundo de mi alma las palabras adecuadas para describir una obra de culto como la que hoy os estoy presentando.


Pero descuida, que lo intento.


En esta colección de nueve soberbios poemas, su autor, Miguel Ángel Barroso, nos transporta, a través de su propia y personal visión, hasta las obras más destacadas de uno de los cineastas más anticomerciales y profundamente artísticos que ha conocido esta industria a lo largo de sus incontables años de historia. Una visión personal, poética y sublime, más que de las películas en sí, de la inmensa intimidad, casi controvertida en ocasiones pero siempre hermosa en cada fotograma, con la que Tarkovski trabajaba de una forma tan exigente que el resultado es una filmografía (demasiado corta debido a la prematura muerte del cineasta) que marcó una época y definirá, sin duda alguna, muchas de las cintas que pronto vendrán.


Miguel Ángel Barroso, filmmaker, cineasta, escritor cinematográfico y montador, se presenta hoy ante ti y ante mí como un poeta distinto, especial, de esos que nos gustan leer porque son capaces de violar el alma de muchos de una forma sutil y romántica, frágil y suave, dura y penetrante, soez y casi ofensiva, a lo largo y ancho de una bibliografía digna de saborear con calma y a fuego lento, desde todos los puntos de vista que se nos puedan ocurrir, sentados en el sillón de nuestro salón mientras nos sumergimos en un universo de luces, sombras, fantasmas, muchos demonios y algún que otro ángel.


¿De verdad que aún no me crees? Solo tienes que descubrirlo por ti mismo, y no esperes a que te lo cuenten. Disfrútalo hoy, en plena soledad acompañada de sí misma y de nadie más, como hoy hablamos aquí, tu y yo, a solas, y quizás alguien más que se ha colado entre estas líneas para leernos y saborear algo más de este mundo que gente como Miguel Ángel Barroso se ha encargado de endulzar y mejorar, a golpe de esfuerzo y talento, porque “dichoso aquel que muere, para contarlo”.


Autor: Samuel Camacho