• Sandro H. Ortiz

Pánico escénico

Amante de medianoche

que habitas el candor de mis sueños,

envuelta en el erotismo de tus promesas

y la desfachatez en tu sonrisa.


Bella.

Salvaje y portentosa.

Osada como luz de luna

filtrándose a través de las cortinas,

esperando un dulce cáliz redentor.


Con prontitud me dispongo

a conquistar tus rincones más recónditos.

Febril, desbordado por el imaginario de mis pasiones

que alcanzan un sublime punto de ebullición sanguíneo.


Algo ocurre.

Un silencio estremecedor de repente.

Flaqueo, dudo, temo.


¿Pero no es acaso el hombre más hombre

cuando es más firme que el mismo firmamento?



Te ríes.

No de mí sino conmigo.

Tomas mi mano y la conduces a través de tu manantial de anhelo.

Prueba infalible de la complicidad de nuestro momento.

Arengas al soldado caído,

mientras me recitas al oído unos sensuales evangelios

que hacen sonrojar a mi niño interior.


Y a medida que nos transformamos juntos

en un instante de eternidad,

entiendo como el infinito de nuestro vínculo

jamás se reducirá tan solo a la firmeza de mi voluntad.